Antes de...
Antes de continuar con lo cotidiano y los afanes del día, vengo a dejar algunas letras...
Hoy, es uno de esos días donde los recuerdos se hacen tan vivos, y la carga que llevo en mi espalda pesa aún más, pero es que no es fácil tomar una decisión y comenzar de nuevo.
Sé que ya no soy la misma, la esencia, lo que me hacía sentirme única y especial, se desvanece cada vez más, incluso hay días en los que me desconozco. ¿Los que me conocen de cerca notaran el cambio tanto como yo?
He intentado volver, empezar de nuevo... poco a poco, pero el ver mi vestido manchado, mi armadura oxidada y mi corazón endurecido me cuesta trabajo completar el primer paso.
¿En qué parte del camino estoy? La lámpara se ha apagado, aunque hay oscuridad logro distinguir que no estoy en la ruta correcta, quizá me he estancado, hay mucho lodo y mis pies pesan. La "felicidad" me sabe amarga y aunque parece que hay paz, a lo lejos puedo ver que se viene destrucción y vergüenza.
No veo a nadie cercano interesado en ayudarme, solo observan. Creo que están confundidos igual que yo, creen que me encuentro bien, pero no logran ver que me estoy sumergiendo en el lodo, mi vestido está rasgado y la carga que llevo en mis hombros me impide ponerme de pie.
No han notado las heridas, esas heridas que se han vuelto cicatrices y que duelen cuando los recuerdos vuelven, hoy esos recuerdos han vuelto, una vez más, y me duele tanto cada cicatriz, es una combinación de dolor y enojo, pues aquellos que me hirieron se ven allá... a lo lejos, a la mesa del Rey comiendo banquetes y celebrando las fiestas.
Sí, el Rey parece haberse olvidado de mí, le ofrecí mis mejores danzas, mis mejores años, mi tiempo, le defendí y le hablé a tanta gente de Él, pero no fue suficiente, ¿Qué me falto darle al Rey? Le entregué mi niñez, adolescencia y juventud... y aquí estoy, sola... lamiéndome las heridas, recordando lo que fui, lo que perdí, lo que anhele ser... pero, el Rey me descuido, dejo que ellos... los que ahora comen en su mesa y prueban el banquete, me lanzaran dardos hiriéndome de profundidad aquí, en mi corazón.
¿Será así o yo me aparté de la vista del Rey? Cuando comencé a sentir y ver los dardos que lanzaban contra mí, con llanto y grito silencioso de mi corazón, clame al Rey, buscaba de su ayuda, pero el Rey no respondió, su silencio me hizo sentirme abandonada y quede ahí, tendida... sin fuerzas, sintiendo en mi corazón el dolor, enojo y decepción contra el Rey, por haberme abandonado, por haber guardado silencio.
¿Podremos hacer las paces algún día?

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