Aquello que ya no está

A veces, las personas no cambian porque algo nuevo llega, sino porque algo dentro de ellas ha sido soltado.

Hay encuentros breves que dejan huellas profundas, y palabras simples que contienen respuestas largamente buscadas.

Hoy, en un pasillo cualquiera, escuché algo que no esperaba... y comprendí que hay cosas que, aunque ya no estén, siguen transformando todo.

Platiqué con la chica del pasillo, luce diferente... tiene algo especial. No lo puedo describir, pero su condición es diferente, especial, más auténtica.

Me ha contado que aprendió a no cuestionarlo todo y solo dejar que todo fluya.

Le he preguntado del contenido de la cajita, me ha dicho - "He vaciado el contenido, ahora está vacía, lo que contenía era lindo, pero de alguna manera me hacía sentir triste, por eso la he vaciado. Se la entregué a Dios, Él la llenará de algo real, lo que me hará sonreír, me dará paz y será tan valioso y único que se perfeccionará día con día. Esa caja ya no contiene mis sueños y anhelos, ahora va a contener los planes y propósitos perfectos de Dios".

Le pregunté por qué lucia tan triste la última vez que le vi... Me ha dicho que tenía infinidad de preguntas sin responder, personas que llegaron y se marcharon dejándola con mil interrogantes, dónde de tanto sobre pensar ella le dio mil respuestas, suposiciones, mejor dicho. Pero ¿Qué ha pasado ahora? - "He entendido, que sé únicamente lo que Dios quiere que sepa, si esas preguntas no tienen respuesta es porque Dios ha estado ahí, cubriendo mis oídos, protegiendo mi corazón".

Y mientras ella se alejaba por el mismo pasillo en el que la encontré, entendí que no todo lo que se vacía está perdido.

Hay vacíos que no duelen… porque han sido entregados.
Y hay silencios que no confunden… porque están llenos de propósito.

Tal vez aquello que ya no está es precisamente lo que abrió espacio para lo que debía llegar.

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